La ley de Richard Nixon que cambió el destino del fútbol femenino

¿Cómo pudo Richard Nixon, presidente de Estados Unidos en 1972, cambiar por completo el deporte femenino tal y como lo conocemos ahora?

Aunque trasladado a Europa parezca una utopía, el fútbol femenino ya era un deporte de masas a finales del Siglo XX en Estados Unidos. La celebración del Mundial de 1999 y la consecución de este mismo junto a la edición de 1991, destaparon un éxito que llevaba 20 años cocinándose. Una realidad que ha convertido a dia de hoy al país de las barras y las estrellas en referente para el fútbol para las mujeres. Desarrollo e interés. Dos aspectos que van de la mano y que se demuestra con el draft de la NWSL, donde cada año hasta 56 nuevas jugadoras llegan al fútbol profesional. Un acontecimiento que se ha convertido en algo insustituible en el peculiar sistema de ligas estadounidense que tanto crecimiento ha implicado alrededor del fútbol femenino americano.

Fuente: Richard Nixon Foundation.

El fútbol universitario, que hasta hoy ha sido el principal proveedor de futbolistas para el fútbol estadounidense de élite y por consecuencia, uno de los culpables del crecimiento que ha vivido en las últimas décadas el fútbol femenino, tiene una enorme relación con la política, especialmente con el expresidente de los Estados Unidos, Richard Nixon. Y es que antes de llegar a la propia década de los 70’ la relación de Estados Unidos se remontaba a una liga de cuatro equipos que se disputaba de forma puntual en 1951. Y mientras que Inglaterra vivía bajo la prohibición del fútbol femenino como deporte, todo cambió después de la ley conocida como Title IX aprobada por Richard Nixon un 23 de junio de 1972.

¿Qué es y qué provocó el Title IX?

El Title IX es la ley que instaura la igualdad de oportunidades a nivel académico sin importar el género ni la raza. ¿Qué tiene esto de relación con el fútbol? Mucho. En ese momento las propias universidades eran el foco deportivo de un país que de la noche a la mañana vio una enorme paridad entre el deporte masculino y femenino a nivel universitario. Las becas empezaron a igualarse a partes iguales a nivel masculino y femenino en todos los ámbitos y el deportivo no era para menos.

«Ninguna persona en los Estados Unidos será excluida, por motivos de sexo, de participar, se le negarán los beneficios o será objeto de discriminación en ningún programa o actividad educativa que reciba asistencia financiera federal«.

Título IX, 1972-Title IX

En aquel mismo momento se aprobó también la conocida como ley ‘Title IV’ que no permitía las discriminaciones de raza y sexo en las instituciones públicas. En 2018 el ‘National College Athletic’ publicó que anualmente se invierten alrededor de 18.1 billones de dólares en el deporte universitario. Mientras en otros países el fútbol femenino seguía bajo sus últimos años de prohibición, Estados Unidos empezaba a conducir los primeros pasos hacia el éxito. En la actualidad existen más de 1.000 universidades que ofrecen fútbol femenino a sus estudiantes entre los 48 estados norteamericanos, superando el número de universidades que ofrecen fútbol masculino.

Equipo Femenino de la universidad de North Carolina Tar Heels en 1982. Fuente: NCAA.

La oferta y demanda en fútbol femenino creció de forma radical y las universidades se convirtieron en canteras para 20 años más tarde, en la década de los 90’ recoger esos frutos tras varias temporadas derribando tabúes y haciendo del fútbol un deporte para todos como parte de la propia sociedad, algo que ni tan solo a día de hoy han conseguido todos los países del mundo a veces ni tan solo los que tienen a las mejores estrellas.

Sí hoy conocemos una selección estadounidense que ha dominado cuatro de los primeros ocho mundiales femeninos, se debe principalmente a la precoz y efectiva apuesta por la igualdad. Nació con un fin académico y que terminó convirtiéndose en un punto de inflexión a nivel deportivo. En 1995 se recogieron más frutos con la primera liga profesional femenina, la W-League y en 1985 con el debut de la selección nacional.

Olivia Moultrie y romper el hielo

“No arriesgues que igual ganas”. Es el caso de Olivia Moultrie, no decidió ir a la universidad, arriesgó y ganó, su talento tenía una butaca reservada en el edén de la NWSL cuando debutó con Portland Thorns a los 15 años. Moultrie rompió la barrera que algún día sirvió como rampa de entrada. En el fondo es una de esas historias con un cambio de guión porque en 2016 con 11 años la universidad de North Carolina Tar Heels le ofreció una beca que terminó rechazando en 2019 para unirse a las categorías inferiores de Portland Thorns.

Pensar que abandonar la senda universitaria hubiera sido un fracaso para Moultrie, era un gran error, simplemente estaba haciendo historia o escribiendo el principio de ella (porque recordemos que tiene solamente 18 años). El futuro del fútbol femenino de élite está cada vez más cerca de ser un espejo respecto a sus homónimos masculinos, jugadoras en edad juvenil dando el salto a los primeros equipos para consagrarse como estrellas cuanto antes.