Tras cinco temporadas y 117 goles, Oshoala dice adiós al Barça, pero lo hace con el recuerdo de ser la primera futbolista blaugrana en marcar en una final de Champions

Llevaba siete minutos sobre el césped. Ya nada seria suficiente para darle la vuelta a un partido más que sentenciado. Pero de un pase en profundidad, Asisat Oshoala consiguió dejar atrás a la defensa lionesa y, por lo menos, marcar el gol del honor en el minuto 82. Un gol que quizá maquillaba el resultado, pero que fue el comienzo de una época gloriosa. La nigeriana demostró que el Barça estaba capacitado para pelear ante los grandes, y del dolor de aquella derrota, nació la ambición que ha llevado a las blaugranas a ser el mejor equipo del mundo. Un equipo que solo es noticia cuando no gana, y que, desde la fatídica final de 2019, ya cuenta con dos Champions en su palmarés. Cinco años después, la nigeriana dice adiós tras convertirse en la cuarta máxima goleadora de la entidad.

Oshoala se marcha de la misma forma en que llegó. En el mercado invernal y cruzando dos continentes. En 2019 lo hacía cedida procedente del fútbol chino (el 31 de mayo el Barça la acabó fichando por 20.000€). Esta vez pone rumbo a California, y tras dejar 150.000€ en caja, firma por el nuevo proyecto FC Bay de San José en una operación de lo más provechosa para el equipo blaugrana, y es que la delantera nigeriana acaba contrato en seis meses. Una jugadora con luces y sombras, con altos y bajos, y con la que muchas veces se ha sido injusto. Porque a pesar de su irregularidad, Oshoala deja 117 goles en 162 partidos, y un total de 14 trofeos. Temporadas donde ha sido referencia, y siempre desde la modestia y sin hacer ruido más allá de sus coloridos peinados.

De su llegada en enero a la final de mayo, Oshoala dejó claras sus intenciones. Siete partidos y siete goles en liga además del gol ante el Olympique de Lyon. De hecho, no le hizo falta ni un minuto para marcar en su debut. Entró en el 62 ante el Rayo y marcó en el 63. Números que seguirían aumentando en las temporadas venideras, dado que no bajó de los 18 tantos en la competición doméstica. Incluso llegó a ser la máxima goleadora en un podio compartido junto Geyse Ferreira hace dos cursos. Tan solo ha sido en esta última temporada, donde de más a menos, ha perdido el protagonismo de antaño. Jugadora al que el estado anímico siempre ha condicionado, pero nunca ha dejado de intentarlo. Capaz de lo mejor y de lo peor, pero con una capacidad goleadora innata.

Pero hablar de Oshoala no solo es recordar sus tantos, sino de todas las virtudes con las que el Barça se ha nutrido en la sombra. Aportó profundidad al juego vertical del Barça cuando más lo necesitaba. Un perfil muy distinto en un momento en el equipo no encontraba otras opciones. De su potencia salieron tantos, asistencias, y alternativas para romper las defensas. Así lo demostró marcando el primer gol blaugrana de la historia en una final de la Champions. Se podrán decir muchas cosas de la nigeriana, pero el legado ya lo ha dejado. Dando paso a futbolistas como Salma, Brugts o Vicky López en un ataque que como siempre, sigue prometiendo éxitos ya sea en el Johan Cruyff o en el futuro Camp Nou.

De aquella noche oscura, Oshoala fue la luz que guio al Barcelona camino al éxito. Con ella sobre el césped, el Barça ha crecido, y aunque este último año había perdido fuelle en la rotación, no se puede la historia reciente del club sin su figura. La despedida junto a sus compañeras lo dijo todo. Querida y valorada. Sus palabras en redes sociales, no fueron menos: “Más allá de los trofeos y los elogios, lo que más atesoraré son las relaciones que he construido con algunas de mis compañeras de equipo, entrenadores, personal y los increíbles fans. Ustedes se han convertido en mi familia y siempre estaré agradecida por el amor y el apoyo que me han brindado”.

Imágenes de Getty Images.