Ignacio Quintana: «Ahora mismo soy un panameño más cuando juega Panamá»

Con el título honorífico de convertirse en el entrenador más joven en debutar en un Mundial, el seleccionador de Panamá, Ignacio Quintana, nos recibe para charlar sobre la experiencia en tierras oceánicas, su renovación, además de alguna que otra sorpresa

Se convirtió en el entrenador más joven en debutar en un Mundial. Ahora, disfruta de su renovación para seguir creciendo de la mano de la Selección de Panamá. Porque a sus 35 años, Nacho Quintana logró llevar al combinado centroamericano por primera vez en su historia a una Copa del Mundo. Fue breve pero intenso, y es que Las Canaleras no consiguieron sumar ningún punto a pesar de dejar muy buenas sensaciones. «Nos tocó perder, nos quedábamos fuera, pero en algún momento nos va a tocar ganar». No pudieron contra Brasil, Jamaica y Francia, pero sí lograron conquistar el corazón de un país que ya sueña con ver a las suyas en el mejor torneo del mundo dentro de cuatro años.

Un camino que empezó en su México natal, para luego pasar por Nicaragua antes de instalarse en Panamá. País que lo ha recibido con los brazos abiertos, y en el que, más allá del fútbol, ha construido parte de su vida. «Ahora mismo uno puede andar por la calle y que le reconozcan el trabajo». Porque para Nacho son tiempos de bonanza. Así mismo para una selección que a pesar de las dificultades y de los pocos recursos, quiere dar pasos adelante para convertirse en una de las potencias de la zona. Así nos lo cuenta él desde la sede de la federación. Un repaso a sus primeros días en Panamá, a su trabajo como seleccionador, hasta los recuerdos imborrables que dejó la histórica participación mundialista.

¿Cómo te sientes después del Mundial y la recién renovación?

En la profesión que elegí, una renovación, aparte obviamente de la cuestión deportiva, implica un reconocimiento laboral, un reconocimiento a lo que uno previo a esa renovación tuvo como esfuerzo y dedicación al proyecto. En este caso, la federación panameña decidió reconocerlo así. Tal vez algunas formas de hacerlo siempre se basan mucho en lo económico, pero aparte de eso, tuvimos la oportunidad de renovar en un país en el que estoy muy cómodo. Mi esposa es panameña, voy a tener una hija panameña, así que qué te puedo decir, una renovación con unas implicaciones personales más importantes que las profesionales.

Entonces, ¿cómo surge tu llegada a Panamá, después de haber sido asistente en la selección de Nicaragua?

Fue un poco curioso, porque mi currículum entró a la federación a través del departamento de desarrollo técnico, que son quienes se responsabilizan de todo el tema de licenciamiento de entrenadores y de cursos nacionales. Había trabajado con Concacaf, y allí tuve la oportunidad de conocer al que era en ese momento uno de los gerentes de desarrollo de Panamá. Estuvimos platicando mucho acerca de fútbol femenino, de cómo podríamos potenciarlo en la zona, y tras invitarme a poderlo asesorar a él de manera informal por la buena amistad que teníamos, acabó surgiendo la vacante.

Ellos habían salido de un preolímpico en el que no tuvieron buenos resultados, decidieron prescindir el contrato del entrenador y comenzaron una búsqueda con un perfil diferente. Un perfil que no solo viniera a entrenar a la selección, sino que desde el departamento de desarrollo pudiera implementar ciertos protocolos de scouteo de jugadoras y de poder apoyar a más entrenadoras a que tuvieran ese paso profesional mediante la capacitación. Entonces digamos que fue como una mezcla entre venir a apoyar a la capacitación de entrenadoras y entrenadores de fútbol femenino juntamente con el objetivo de trabajar en la eliminatoria del Mundial. Tratamos de empatar ambas cosas y eso creo que ayudó a que la decisión de la federación fuera a favor mío.

«Llegué obviamente sin conocer en profundidad a las jugadoras, y la mejor forma que encontramos para ello fue rodearme de personas que me pudieran ayudar a acelerar en el proceso de adaptación»

¿Ya siendo seleccionador, cómo son tus primeros pasos?

Había escuchado sobre Panamá. Yo soy mexicano y en la eliminatoria del pasado Mundial Panamá prácticamente dejó eliminado a México del premundial anterior. Allí fue cuando me llamó la atención el talento que había. Ese perfil de jugadora centroamericana, pero con dotes típicos de sudamericana. Una buena mezcla de jugadoras, tanto en el estilo de juego como en el biotipo. Me empezó a llamar la atención y, como te decía con la parte de las capacitaciones que nosotros llegamos a dar en otros países de Centroamérica, comencé a ver que tenía un potencial que hacía de Panamá un lugar muy interesante para trabajar.

Llegué obviamente sin conocer en profundidad a las jugadoras, y la mejor forma que encontramos para ello fue rodearme de personas que me pudieran ayudar a acelerar en el proceso de adaptación. Por ello mi asistente técnico es panameña, ha dirigido a la selección sub-20 inclusive a la selección mayor en algunos preolímpicos y premundiales, así que ella es la que me ayudó a conectarme rápido con las jugadoras. Con toda esta idiosincrasia que termina por crear esa cultura del equipo, me ayudó a tejer un buen proyecto alrededor de ellas. Y creo que bueno, ahora con el Mundial podemos decir que funcionó, que fue una buena estrategia.

A nivel personal, qué se siente al llegar a un nuevo país. Porque, aunque seas de México y en cuanto al idioma no hay dificultades, ¿consideras que tu llegada a Panamá supuso un choque, o quizá el cambio no fue tan notable?

Hay una exigencia que es lógica y obvia en el fútbol, pero creo en todos los gremios, en el que tu vienes como extranjero a otro país y automáticamente se te exige más, porque obviamente estás haciendo el trabajo que muchos nacionales podrían considerar que un panameño debería de hacer. Entonces, entendiendo esa exigencia, me enfoqué mucho en demostrar que venía a sumar, que venía a pelear, y que a pesar de esa competencia deportiva que existe entre Panamá y México, en cómo se le ve a México en la región, como uno de los gigantes, y que quizá puede llegar a generar un pequeño estrés en la afición, pues tratar de limpiar un poquito esa sensación con trabajo y mucha humildad.

Con la consciencia de que yo no era probablemente un entrenador con un currículum basto. Un currículum que impactara mucho a la afición. Era un desconocido, y lo sigo siendo todavía a pesar del Mundial, por lo que continúo trabajando así. Porque la única forma que eso cambie es trabajando y dando resultados. Y esa forma de pensar me ayudó mucho para poderme involucrar rápido con el país. Ahora mismo uno puede andar por la calle y que le reconozcan el trabajo, algo que ha sido muy importante para la motivación tanto mía como la de mi cuerpo técnico, que también ha venido haciendo un trabajo espectacular.

Fuiste el entrenador más joven en dirigir en el pasado Mundial. Pero más allá de la anécdota, y como pregunta obligatoria, ¿cómo afrontabais el hecho de estar en una Copa del Mundo por primera vez?

Sí, como lo dices, entendiendo que era el entrenador más joven, iba para aprender, pero también con la responsabilidad de competir. Que no llegábamos como víctimas. Esa mentalidad nos la pusimos desde el principio como meta entre las jugadoras y el cuerpo técnico. Que no queríamos pararnos ahí con la típica filosófica de “es nuestra primera vez y queremos aprender”, sino que queríamos dar un golpe de autoridad. Igualmente, el grupo que nos tocó nos complicó mucho poder hacerlo como nos hubiese gustado, pero la actitud que se mostró y que tuvimos también de lucha y a la vez de alegría creo que implementó una forma distinta de pensar.

Pude platicar con algunos entrenadores de otras selecciones que me decían, algunos tal vez de modo sarcástico, que porque después de perder contra Francia festejábamos como si hubiésemos pasado. Y yo les decía “esto es el futbol”. Al final es un juego. Nos tocó perder, nos quedábamos fuera, pero en algún momento nos va a tocar ganar. Simplemente el estar ahí ya era un logro por todo lo que había atrás. Al final esos comentarios los hacía gente que no vive el día a día de estas jugadoras. Y para mí, como dices, pese a la edad y la poca experiencia que teníamos, y es que mis jugadoras promedian menos de 23 años, nos dejó un buen sabor de boca el saber que hay un futuro prometedor. Y al final con esa ilusión renovamos.

De hecho, salvo el primer partido en el que quizá el resultado fue muy abultado, ante Jamaica y Francia fuisteis capaces de competir. Especialmente frente las caribeñas, ante las que estuvisteis muy cerca de puntuar y hacer historia. ¿Cómo fue tu valoración después de los resultados? Entiendo que muy positivas.

Obviamente, cuando uno está ahí y ve tan cerca, como dices, el poder sacar un punto e incluso de darle la vuelta al marcador con la cantidad de llegadas que tuvimos contra Jamaica, o los primeros veinte minutos con Francia, a la que le vas ganando 1-0. Todo eso de repente te ilusiona, te emociona, pero nubla un poco de lo que realmente es nuestra posición. Recuerdo muy bien que en el previo al partido contra Brasil decía en rueda de prensa: “estamos en el mismo torneo, pero no estamos al mismo nivel”.  No era, como se dice coloquialmente, abrir un paraguas antes de la lluvia, pero sí era como para entender nuestra realidad. No se puede hacer un proyecto a base de mentiras, teníamos que saber dónde estábamos. Pero eso no quiere decir que no puedas ganar o empatar un partido. El análisis para nosotros fue muy bueno, sabíamos donde estábamos, sabíamos lo que podíamos lograr, y se cumplió con creces. Uno es competitivo y quisiera ganar todos los partidos, pero para lograrlo hay muchas cosas que hacer antes de pensar en eso.

«Creo que ese es el único gol en el que puedo decir que se me olvidó todo por unos segundos»

Ya que recuerdas el partido ante Francia, cómo gestionaste en ese momento la euforia tras el gol de Marta que os ponía por delante. Porque además no fue un gol cualquiera.

En los festejos de los goles de mis equipos trato de ser muy mesurado, sobre todo cuando normalmente hay puntos de por medio, pero creo que ese es el único gol en el que puedo decir que se me olvidó todo por unos segundos (recuerda entre risas). Fue liberador, porque había cierta tensión en el grupo. Todavía no habíamos podido marcar gol, obviamente ya sabíamos que estábamos fuera, que nos enfrentábamos a Francia, eran 40 mil personas en el estadio, parecía todo que estaba en contra de nosotros. Y cuando ves la forma en la que se realiza ese gol, que al final es un tiro libre en el que podríamos pensar que se trata de una cuestión individual, cuando ves el festejo de todas las jugadoras e inclusive de la afición, que ni siquiera le iba Panamá es difícil mantener la mesura. Lo festejé como un niño, y es un momento que, sabiendo todo lo que hay detrás, quedará para nuestra historia.

Se dice que el fútbol es el opio del pueblo, pero por desconocimiento tampoco sé si en Panamá el futbol se vive tanto como sucede en otros países de América Latina. El gran ejemplo de ello es Argentina. Sin embargo, ¿crees que el Mundial de vuestra selección motivó a la gente a seguir y apoyar al equipo y, sobre todo, el fútbol femenino?

Existen muchos tabús que en una competencia como un Mundial no van a cambiar de un día para otro. Sabemos que para nosotros el Mundial no era el final de un proyecto, sino que el comienzo de uno más grande. El de contagiar a la gente, conectar a la afición, pero en especial al padre de familia. Se trata de motivar al padre de familia a que inscriba a su hija a un colegio de fútbol. Que la incluya en una academia, que confié en que su hija puede llegar a ser exitosa a través del futbol. Nuestro proyecto estaba basado en eso. Poder ser esa herramienta para que cualquier padre de familia que dudaba de si meter a su hija en el fútbol, eliminando todos esos tabús que desgraciadamente la sociedad ha creado alrededor del fútbol femenino. Y a la vez, que tengamos un mayor volumen de jugadoras, va a generar un mayor número de afición. Obviamente, la afición lo que quiere son resultados, y teníamos que acompañar las dos cosas. La referencia del padre de familia que vea a una mujer exitosa a través del fútbol y también a la afición, que con resultados y con estar en esas competencias, se ilusione y porque no piense que Panamá puede llegar a ser una potencia de la zona.

Siendo de México, no naces con un sentimiento profundo hacia Panamá, pero ahora que lo estás viviendo desde dentro, cuando vives un partido lo vives como entrenador o también tienes una parte de aficionado. ¿Qué te pasa por la cabeza?

Sí, te involucras. No hay otra forma de hacerlo. Lo comentabas antes. Al final el fútbol tiene tanta influencia en el país que termina por ser un reflejo de la sociedad. Entonces, cuando uno se mete de lleno en las vidas de sus jugadoras, en su día a día, ve lo difícil que ha sido para ellas, lo difícil que es venir a entrenar dos horas, que no tienen la posibilidad de tener un auto, que los padres de familia no tienen la posibilidad de pagarle un taxi o un hotel para que se queden cerca del estadio. Algunas de ellas llegan a pasar dos horas para venir a entrenar. Pasan hambre, sed y calor para estar aquí. Eso hace que les tomes cariño a todas ellas, que hacen un sacrificio para estar acá, y que te comprometas aún más, porque te están confiando su tiempo y su talento.

Por eso es complicado hacer una lista de convocadas, porque uno quisiera convocar a todas las que hacen un esfuerzo para estar aquí, pero tienes que combinar eso. Al final no eres amigo de ninguna de ellas ni un padre para ellas porque tienes que tomar decisiones que en el momento no van a ser entendidas, pero siempre con la idea de buscar el bien de la mayoría, el bien del país, el bien del fútbol y el bien de las jugadoras. Qué te puedo decir, ahora mismo soy un panameño más cuando juega Panamá. Inclusive ha jugado Panamá-México y yo me voy a la grada de aquí del Rommel (El Estadio Rommel Fernández Gutiérrez) y no me meto ni al palco de la federación. Voy allí con la gente a la porra para disfrutar del partido como un aficionado más.

Y ahora después del Mundial, qué pasa con el fútbol panameño. ¿Crees que se va a potenciar más a nivel de estructuras y va a haber un mayor seguimiento?

Creo que existe una presión de la afición hacia las instituciones que rigen el fútbol de exigir una mayor infraestructura, una mayor inversión, porque ellos mismos se dan cuenta de que muchas veces las jugadoras están trabajando con las uñas, y logran muchas cosas a pesar de lo poco que tienen. De hecho, se está haciendo un esfuerzo por parte de la federación para tener unas instalaciones dignas de equipos mundialistas, y que esos logros no sean casualidad, que sean consecuencia de un trabajo de todos, creo que también es en parte por esa presión que ejerce la afición para tener de más seguido a las selecciones panameñas en mundiales. Y de ahí va a surgir una obligación para hacer las cosas mejor.

A pesar del trabajo que comentas, ¿crees que la falta de estructuras puede complicar a la jugadora panameña? El hecho de poder salir del país, como Carina Baltrip-Reyes en Italia o Marta Cox en México, y ver que quizá el nivel es muy alto y cuesta adaptarse.

Eso nos pasa. Marta, por ejemplo, ha tenido la fortuna de caer en equipos que ya han tenido esa paciencia entendiendo de donde viene y que la han ayudado a crecer, en gran parte también por todo lo que ella ha dado. Pero también es cuestión de rodearse de proyectos que entiendan de dónde vienes y entiendan que hay un talento por potenciar. Aquí entramos en el hábito de la jugadora. Que la jugadora también entienda que la comodidad de estar en casa no la vas a tener en otro lado, pero que tu vida puede cambiar, tu futuro puede cambiar. Aquí no tienes las instalaciones para entrenar, pero si quieres que las cosas sean diferentes y las tienes que buscar fuera, lo vas a tener que hacer sacrificando tiempo con la familia, como lo hace cualquier otro jugador o jugadora profesional. Parte de nuestro trabajo es estar en el proceso para prepararlas para un mundo mejor, un mundo diferente, en el que la comodidad a veces no te acompaña en el desarrollo, pero que te puede llegar a acompañar si tienes esa disciplina de quererlo lograr. Estamos todavía luchando un poco por hacerle ver a la jugadora que hay algo más fuera de Panamá. La federación nos ha ayudado mucho con eso, porque hemos tenido giras en España, Japón, Arabia, en países en los que el fútbol es culturalmente potente, y ellas han descubierto que realmente existe algo más allá de jugar en la liga local.

¿Cómo es tu forma de trabajar? De ver a las jugadoras panameñas locales, las que están en el extranjero… Entiendo que tienes un equipo de scouting detrás, pero, cuál es el tu día a día para poder tomar luego las decisiones que tomas en las convocatorias.

Es difícil, porque no tenemos una liga que se juegue todo el año. Es una liga que dura unos cuatro meses. Nosotros hemos querido trabajar como si fuéramos un club. Tenemos un grupo entre treinta y cuarenta jugadoras entrenando todas las semanas que podemos aquí en la federación, y después, a partir de allí, contamos con el scouteo que hacemos a nivel internacional que también nos ha dado sus frutos con Carina o Riley Tuner. Ahora tenemos también a una nueva jugadora que se llama Katherine Parris. Aquí para potenciar lo que tenemos en casa no hay un volumen de jugadoras tan alto. Te hablo de que tenemos un aproximado de 1600-1800 jugadoras para seleccionar. Es el volumen total de jugadoras y de allí tenemos que sacar a 23 que representen al país. Es un número corto, por lo que nuestra forma de compensarlo es con el trabajo lo más constante posible.

Desde la perspectiva española, quería preguntarte tu opinión de todo lo que sucedió con España en el Mundial. No sé cómo lo viviste con la mirada desde Panamá.

Tuvimos la oportunidad de jugar en el previo en un amistoso en Avilés. Vives esa cultura que tiene el equipo desde la organización, ves todo lo que hay alrededor de ellas, ves a las mismas jugadoras con el profesionalismo con el que se manejan, desde una conferencia de prensa, en los vestidores, y con lo que tratamos de contagiar a las nuestras. Después de eso creo que fue el reflejo de lo que mostraron en el Mundial. Obviamente pasaron por situaciones previas con las jugadoras que quedan fuera de la convocatoria por decisión de la federación, pero a pesar de ello, decidieron que la mejor forma de hacerle frente a una adversidad fue jugando y ganando, y creo que es algo que tenemos que copiar muchos, no tan solo las jugadoras. Una lección de vida que a todos nos debe dejar muy marcados. Que la mejor forma de luchar es hacer mejor lo que ya sabes hacer bien, y ellas sabían que la mejor forma de exponer todas las necesidades y todos los cambios que tenía que haber era siendo campeonas del mundo. Fue una motivación. Y de la forma en que lo vivimos aquí fue como un ejemplo de lucha, de hacerle frente a algo que no estaba bien de la mejor forma que puedes, que es jugando a fútbol.

¿Qué destacarías del Mundial? Algo que te sorprendiera a nivel general.

Me gustó mucho que no hubiera tanta diferencia entre los partidos. Uno podía ver selecciones que debutaban en el Mundial como Vietnam, Marruecos e incluso nosotros mismos en según qué momentos del juego, y que realmente no hubiese una distancia tan lejana fue lo que más me dejó marcado del Mundial. Ver que países más desarrollados no estaban tan lejos de los países que no hemos tenido la oportunidad de competir cada cuatro años. Veía ese tipo de partidos para ver la reacción de selecciones quizá más pequeñas y así analizar qué es lo que nos faltaba a los que estamos unos escalones por debajo de las grandes potencias.

¿Hay alguna anécdota que puedas contarnos del Mundial?

Cuál puede ser la anécdota… Es que hubo muchas, la verdad es que siendo nuestra primera vez en un Mundial era todo nuevo, todo diferente, pero si pudiera contarte una anécdota te voy a contar algo personal. Me enteré de que iba a ser papá la misma tarde del día en que jugábamos ante Jamaica. Mi esposa me dijo que iba a ser papa, así que fue una anécdota chistosa, porque cuando lo cuento todo el mundo me preguntan que cómo me lo pudo decir en ese momento tan crucial de la vida deportiva. Pero me sirvió como motivación. Las jugadoras se enteraron en el partido contra Francia y ayudó para liberar un poco de ese estrés, que como te digo, vivieron por primera vez. Te podría decir que todo lo que nos pasó fue una anécdota. Para escribir un libro, porque creo que es algo que debe de quedar marcado para la vida de todos. El poder estar aquí, saludar de mano a entrenadores como Pia Sundhage o Hervé Renard. El poderte codear con todos ellos y ver a tu jugadora defender un balón en un uno contra uno delante de Martha. Todas esas imágenes que tengo en la cabeza son las anécdotas con las que me quedo.

¿Cómo es saludar a una entrenadora histórica como Pia?

Con ella tengo una anécdota, porque cuando fue el sorteo del Mundial nos invitaron a todos los equipos que estábamos en el repechaje, y tuve la oportunidad de saludarla previo al sorteo. Obviamente, para mí es la referencia del fútbol femenino, y no quise desaprovechar la oportunidad, me acerqué a ella, conversamos, y antes del sorteo le dije nos íbamos a saludar algún día en la cancha. Todavía no sabíamos que nos iba a tocar enfrentarnos, y cuando nos saludamos el día de partido le recordé ese momento y le dije que a la próxima no nos dejaríamos ganar. Ella es una persona muy respetuosa, muy seria, capaz se rio, y ya nos despedimos, pero quedó como anécdota que sin pretenderlo me la encontré en un Mundial. 

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