Kosovo, donde el balón rueda entre cenizas y rencores

Nuevas estrategias para desarrollar el fútbol femenino en Kosovo con las heridas abiertas y los viejos problemas de siempre

El pasado 30 de octubre la Federación de Fútbol de Kosovo (FFK) lanzaba la primera estrategia de fútbol femenino. Así lo anunciaba la FIFA en su portal tras un acontecimiento celebrado en Pristina y que recogía seis pilares básicos para aumentar y fomentar la participación sobre el césped entre las mujeres. Desde 2010 Kosovo disfruta de una liga femenina en la que el KFF Mitrovica se erige hegemónico, sin embargo, la realidad de este país va más allá de ser el centésimo segundo clasificado en el ranking mundial. Un país inmerso en un complexo conflicto geopolítico que, aunque lejos del fútbol femenino, es parte de la historia reciente en el polvorín de los Balcanes.

En el Hotel Emerald, miembros de la FIFA, representantes de gobiernos locales, jugadoras y entrenadores de clubes kosovares, participaron en un congreso junto a Agim Ademi, presidente de la federación local, para codefinir y priorizar los objetivos a corto, medio y largo plazo necesarios para desarrollar y hacer crecer el fútbol femenino en Kosovo. Seis pilares definían el acto: Participación; Educación; Equipos Nacionales; trayectorias de jugadores de élite; Comunicación y Marketing; y buen gobierno y liderazgo. Todo bajo la misión de empoderar a niñas y mujeres a través del fútbol.

Fuente: Kosovapress.com

Un mes después, Kosovo cierra la clasificación de la recién llegada Nations League. En el grupo cuatro de la Liga C junto a Bulgaria y Macedonia, el equipo kosovar vencía con una contundente goleada de 5-1 al cuadro búlgaro. Cuatro partidos con un balance positivo de tres victorias y un empate que les permitirá ascender a la Liga B. La selección de Kosovo no ha tenido rival, encajando tan solo dos goles y anotando diez. Números que hacen pensar sobre el buen estado de su fútbol y de los Balcanes. Y es que países vecinos como Montenegro, Croacia, Bosnia y Albania salen reforzados de la nueva Nations League, aunque en ningún caso primeras en su grupo.

Los prejuicios sociales también son una barrera en tierra balcánica. Así mismo, las deficientes infraestructuras para la práctica de este deporte entre mujeres a pesar del creciente interés. No es algo que desconozcamos. Sin embargo, a miles de quilómetros de nuestras casas, con problemas mundanos y con un sistema que nos permite olvidarnos de aquello que nos hace mal, Kosovo se encuentra en una situación completamente divergente. Lo que para muchos es pasado, en esta exrepública yugoslava, los crímenes de guerra aún retumban y azotan las disputas internacionales por la soberanía del territorio. Unos lo reconocen, otros pocos lo consideran parte de Serbia. Mientras tanto, en Kosovo las diferencias siguen sin resolverse, a costa de muertes y sufrimiento.

Entre cenizas y rencores

Desde 2008 autoproclamado independiente y reconocido como país por una mayoría de estados, entre ellos Estados Unidos y el Reino Unido. Sin embargo, sigue siendo rechazado por varios, entre ellos Serbia, Rusia e incluso España. Y es que Kosovo es considerada por Serbia como su cuna histórica. Fue parte de su reino entre los siglos XIII y XIV hasta la dominación del Imperio Otomano. Cuando esta concluyó en 1912, Kosovo le fue devuelto a Serbia. Pero en Kosovo dominaba la población albanesa, y con el despertar del nacionalismo en Europa a finales del siglo XIX, se reclamó mayor autonomía. Es entonces cuando desde Serbia deciden expulsar a todos los albanos, dando de esta forma inicio a las tensiones que años después acarrearían serias consecuencias.

Fuente: AFP

Tras dos guerras mundiales que azotan Europa, se creará definitivamente el Reino de Yugosalvia, unificando bajo un solo país a las siete comunidades eslavas. Serbia, Eslovenia, Croacia, Montenegro, Bosnia-Herzegovina y Macedonia conformaban tal unión, junto a dos provincias autónomas pertenecientes a Serbia: Voivodina y Kosovo. En Kosovo, aunque predomina una población musulmana, al contrario que en Serbia, Eslovenia y Croacia, no les quedará más remedio que formar parte del nuevo estado encabezado por Josip Broz Tito. Tras años de aparente calma, el fallecimiento en 1980 de Tito, abrirá una fuerte brecha en el régimen comunista. Y es que en Serbia surge con fuerza el movimiento nacionalista de la mano de Slobodan Milosevic, quien ansia crear la Gran Serbia, conformada por sus dos provincias autónomas, además de las comunidades que mantenía en sus países vecinos.

Milosevic puso fin a la autonomía de Kosovo ante el temor de perder el control de la región por la influencia albano-kosovar. Ante la posible amenaza de que la Gran Serbia dejase de ser un sueño para convertirse en realidad, Yugoslavia se fragmentará en pedazos en lo que se conoce como la Guerra de los Balcanes. Eslovenia no tardará en independizarse sin apenas derramar sangre, pero Croacia y Bosnia vivirán años crueles marcados por la limpieza étnica de las guerrillas serbias. Los años noventa supusieron el fin de Yugoslavia, y a Serbia ya solo le quedaba proteger su mayor tesoro, Kosovo. Pero de entre los múltiples conflictos étnicos, albaneses y serbios provocarán el estallido de la Guerra de Kosovo.

Fuente: El Mundo

La OTAN responderá a favor del bando kosovar tras 78 días de bombardeos sobre Serbia. La reacción del gobierno de Milesovic contra la población civil albana de Kosovo generará un enorme éxodo de esta comunidad. Hasta 300.000 personas fallecieron durante la guerra, según el ministro británico Robin Cook. El fin del conflicto armado estalbeció una resolución en la que a Kosovo se le permitió el autogobierno provisional, aunque sin dejar de formar parte de Serbia en ningun momento. Las tensiones aguardaban en el rencor mientras seguía sin resolverse en futuro de la nación. Finalmente, el 17 de febrero de 2008 se declaró la independencia, aunque sin el reconocimiento de su vecina. Desde entonces, aunque se han acercado posturas, Kosovo y Serbia siguen manteniendo disputas tanto burocráticas como violentas.

El conflicto en el fútbol

Dada la influencia del fútbol sobre la sociedad y la política, el conflicto que todavía perdura entre Serbia y Kosovo también ha salpicado al balón. Hasta cuatro actores en una función que aún no baja el telón y que meses atrás presentaba un nuevo acto. Serbia, Kosovo, Albania y Suiza han protagonizado durante estos últimos años escaramuzas y tensiones en un baile de reivindicaciones. El primer precedente llegó en 2014, cuando Serbia y Albania se enfrentaban en un partido de clasificación para la Eurocopa. A pocos minutos del descanso, un dron sobrevoló el estadio del Partizan con una bandera de la denominada ‘Gran Albania’ y con la representación de Kosovo. Stefan Mitrovic, actualmente en el Getafe, recogió la bandera para bajar el aparato, siendo empujado por varios jugadores albaneses, provocando una tangana sobre el campo que obligó a la suspensión del partido.

De ese incidente, la UEFA decidió prohibir los enfrentamientos entre ambos países, considerando el encuentro de alto riesgo. Pero, si ante Serbia y Albania existe una evidente tensión, Suiza es otro rival con el que el cuadro balcánico mantiene una rivalidad especial. Y es que la Guerra en Kosovo obligó a muchos albanokosovares y albanos a emigrar, siendo el país helvético uno de los territorios que acogió a más refugiados. Ejemplo de ello son Granit Xhaka, nacido en Basilea, de ascendencia albana, y Xherdan Shaqiri, originario de Kosovo. Dos futbolistas que han defendido la causa kosovar en sus enfrentamientos ante Serbia. En el Mundial de 2018, celebraron sus goles haciendo el gesto de la “águila bicéfala”, símbolo del nacionalismo albanés y en favor de la independencia del pueblo de Kosovo.

Fuente: Getty Images

Cuatro años después, Xhaka volvía a ser noticia, ya que, tras vencer a Serbia en la fase de grupos del Mundial de Qatar, lució una camiseta de su compañero de selección Jashari, también de origen albano-kosovar, según la Selección serbia, haciendo referencia a Adem Jashari, fundador del ejército de Liberación de Kosovo y que fue ejecutado en 1998 por ejército serbio. Pero ese encuentro llegaba con la polémica servida. A pocos días de su enfrentamiento, el vestuario de Serbia lucia una bandera con el mapa de Kosovo y el lema ‘Nema Predaje’, en albanés ‘No rendirse’. Kosovo denunció lo ocurrido ante la FIFA, provocando la apertura de un expediente por parte del Comité de Disciplina del ente internacional.

Y en la ecuación entre tantos países implicados, Rumania, otro de los países europeos que no reconocen a Kosovo, fue noticia en septiembre de este año durante su enfrentamiento ante el equipo kosovar. Las gradas del estadio de Bucarest hicieron unánime los gritos de “Serbia, Serbia” junto a una pancarta en la que se podía leer “Kosovo es Serbia”. Proclamas políticas que llevaron a los futbolistas kosovares a dejar el césped durante una hora antes de reanudar el encuentro. Sin precedente alguno entre ambos países, pero un ejemplo más de lo que supone no reconocer a Kosovo y sus consecuencias sobre el fútbol. En España conocen bien el caso, y es que durante el partido de fase de casificación para el Mundial de Catar, Radio Televisión Española tuvo que referirse al rival como Federación de Fútbol de Kosovo y mostrando sus siglas en minúscula en el gráfico.

¿Por qué España no reconoce a Kosovo?

Fuente: Getty Images

El motivo de ese comportamiento no es más que el propio conflicto que existe en España por la independencia en País Vasco y Cataluña. Apoyar la separación de una región como Kosovo de su país implicaría sentar un precedente a nivel internacional del episodio que aún se está viviendo bajo sus propias fronteras. Al no existir más motivo que la situación interna, ni FIFA ni UEFA prohíben el enfrentamiento, así como sucede entre Serbia y Kosovo.

La diáspora kosovar en el fútbol femenino

Kosovo fue aceptado como país soberano por parte de la FIFA en 2016. Hecho que la convirtió en selección, aunque con varias particularidades. La más destacada, que ninguno de sus jugadores había nacido en su país, o al menos en la nación que en 2008 se proclamaba independiente. Claro, aquí está la trampa. Nombres en el combinado masculino como Vedat Muriqi, el pirata del Mallorca, o Milot Rashica son habitantes kosovares en pleno derecho. También en la selección femenina, con jugadoras como Elizabeta Ejupi, del Sunderland, y Valentina Limani, del Eintracht de Frankfurt. Al mismo tiempo, existe una gran cantidad de jugadores y jugadoras originarios de Kosovo, pero nacidos fuera de sus fronteras. En otras palabras, lo que se conoce como diaspora.

Fuente: Getty Images

Aquí nombres como el de la capitana Ereleta Memeti o el del guardameta Arijanet Muric, ex del Girona. Pero sin duda, el nombre más destacado es el de Kosovoare Asllani. Jugadora de origen albanokosovar y una de las grandes estrellas de Suecia. Y es que Asllani nunca ha rehuido de sus raíces a pesar de no jugar con la selección de Kosovo. Un caso que inspira a las jóvenes chicas kosovares, que ven en Asllani un ejemplo a seguir. Otro de los nombres más destacados, y quizá un tanto desconocido en la actualidad, pero parte de la historia del fútbol femenino. Fatmire Alushi, campeona mundialista con Alemania en 2007 y de Europa en 2009 y 2013. Además de ello, en 2010 fue considerada la tercera mejor futbolista del mundo.

Dos casos a los que el futbol femenino kosovar veía de lejos mientras todavía no eran una selección oficial. Hoy, Kosovo siembra un futuro marcado por el conflicto geopolítico y las tensiones con Serbia, pero da pequeños pasos para que su futbol femenino logre hacerse un hueco, aunque sea pequeño, en el viejo continente. Todo empieza por una estructura fuerte en el país, y a pesar de que los viejos problemas continúan, son pequeñas piedras como la del pasado 30 de octubre que permitirán al país balcánico avanzar entre la penumbra. Tanto dentro como fuera del campo, en Kosovo se respira una esperanza lejos de lo que pueda acarrear el sufrimiento de una guerra silencia y atrapada en los pies de los Cárpatos.

Imagen de portada de Getty Images.